Qué son las tarjetas para discursos
Son tarjetas pequeñas, más o menos entre una carta de baraja y una postal, que caben en una mano. Cada una lleva una parte del discurso: el saludo, una historia, un agradecimiento o la frase final. Según dónde vivas las llamarás tarjetas, fichas o fichas para un discurso, y en inglés se conocen como cue cards o speech cards.
Que sean pequeñas no es un detalle: te obliga a escribir poco, se leen de un vistazo y no te tapan la cara. Además le dan forma física al discurso. Cuando vas por la mitad del montón, sabes que vas por la mitad del discurso, y eso ayuda mucho a controlar el tiempo.
Tres formas de escribirlas
Texto completo. Escribes cada palabra. Va bien cuando la redacción exacta importa, como en un homenaje, una bienvenida formal o un discurso en un idioma que todavía estás aprendiendo. El riesgo es sonar monótono, así que marca las pausas y levanta la vista al final de cada frase.
Palabras clave. Cada tarjeta tiene un título y unas viñetas que te recuerdan frases que ya conoces. Es lo que suena más natural, pero solo funciona si ensayaste lo suficiente para llenar los huecos.
Mixta. Es donde acaba la mayoría de la gente con experiencia. La primera frase, las citas, los nombres y la última frase van completos; lo de en medio, en palabras clave. Tienes la seguridad del guion en los momentos que cuentan y la libertad de las notas en el resto.
Cómo hacer tu juego de tarjetas
- Escribe primero el discurso Es mucho más fácil dividir un texto terminado que escribir directamente en las tarjetas.
- Pégalo en el editor EasyPalmCards lo reparte en tarjetas del tamaño que elijas y procura que cada una se pueda leer con calma.
- Elige el estilo de cada tarjeta Texto completo, palabras clave o mixta. Pon en negrita las palabras que no te puedes saltar, como los nombres.
- Imprime o ensaya Imprime varias tarjetas por hoja en A4 o carta (US Letter) y recórtalas, o ensaya primero en pantalla e imprime cuando estés conforme.
Hablar con tarjetas en la mano
- Sostenlas a la altura del pecho para bajar la vista sin agachar la cabeza.
- Pasa cada tarjeta al fondo del montón en vez de dejarla en la mesa.
- Usa el cambio de tarjeta como una pausa natural y como el mejor momento para mirar al público.
- Deja una mano libre para el micrófono o la copa, sobre todo en bodas y celebraciones.
Si te pierdes, para, respira y busca el título de la tarjeta en la que estás. Una pausa de dos o tres segundos a ti te parece eterna, pero casi nadie en el público lo nota, y muchos pensarán que fue a propósito. Esa es la gran ventaja de las tarjetas frente a memorizar: siempre tienes una forma de volver.
Ensaya con las tarjetas desde la primera vez, no cambies de un documento a las tarjetas el último día. Así aprendes dónde termina cada una, cuáles necesitas mirar y cuáles casi no miras. Después de tres o cuatro ensayos, las que nunca miras se pueden reducir a un título.
Bodas, graduaciones y brindis
Un brindis corto, en una cena o un cumpleaños, puede caber en tres o cuatro tarjetas: quién eres, una anécdota, un buen deseo y la frase para levantar la copa. Un discurso de boda, ya sea del padrino, la madrina o los padres, suele necesitar de seis a diez, con una tarjeta solo para los agradecimientos y así no olvidar a nadie. En una graduación, el discurso suele tener un tiempo fijado por la escuela o la universidad, así que mide cuánto dura antes de imprimir. En una exposición de clase, a veces el profesor pone un límite de tarjetas; en ese caso, lee la guía de fichas para exposiciones.
Para cualquiera de estas ocasiones, empieza en el creador de fichas: pega tu texto, revisa cada tarjeta y ensaya con el cronómetro hasta que puedas levantar la vista en cada frase importante. Si quieres más ideas sobre qué escribir, la guía de cómo hacer fichas tiene un ejemplo de antes y después.
